Breve historia de Etiopía

“El país posee una fascinante historia que se superpone en ocasiones con las creencias religiosas de sus pueblos. Su historia comienza hace tres mil años, constatado por el descubrimiento arqueológico de Lucy, uno de los primeros homínidos hallados, y gracias a la cual se conoce al país como la “Cuna de la humanidad”.

Teniendo en cuenta las fuentes bíblicas, se sabe que se practicó el judaísmo antes de la introducción del cristianismo en el siglo I antes de nuestra era. Esta práctica religiosa fue fuente de la mayor leyenda histórica del país, la de la Reina de Saba; según la cual su hijo Menelik I sustrajo del antiguo Israel el Arca de la Alianza y la depositó en Etiopía. Es de creencia común que esta arca se encuentra actualmente en la ciudad de Aksum, custodiada por unos monjes cristianos ortodoxos.

Tuvo especial relevancia una serie de migraciones de pueblos semitas desde el sur de Arabia durante el primer milenio hacia la costa africana (lo que es actualmente Eritrea). Este potente territorio tuvo contactos no solo con el antiguo
Egipto, sino también con las civilizaciones griega y romana, comenzando una intensa relación comercial y cultural entre ambos territorios, dando lugar al reino de Aksum, que comprendía los actuales países de Etiopía, Eritrea y Yemen La visita de la reina de Saba (monarca reivindicada tanto por los etíopes como por los yemeníes) a Jerusalén dio como fruto de su unión con el Rey Salomón a Menelik I, fundador de la dinastía salomónica del país.

La introducción del Islam se produjo en el siglo VII, coexistiendo pacíficamente con el cristianismo hasta el siglo XIII, momento en el que surgieron las primeras fricciones que desembocaron en guerras en el siglo XV. Fue entonces cuando acudieron los portugueses en ayuda de la Etiopía cristiana, devolviendo su hegemonía al reino cristiano.

Ya en el siglo XX hay que destacar el reinado de Haile Selassie (1930-1974) interrumpido por la ocupación italiana del país (1933-1941), el Derg, o régimen comunista liderado por Mengistu (1974-1991) y el camino a la democracia con la presidencia de Meles Zenawi desde el año 1991. En el periodo 1998-2000 se produjo una nueva guerra con Eritrea, consiguiendo ésta última su independencia.”

Orígenes

Lucy, Australopithecus afarensis

La ocupación humana en Etiopía es más antigua que en casi cualquier otra zona del globo, y es posible que la aparición del moderno homo sapiens haya tenido lugar en territorio etíope.

Existe cierta confusión entre el uso del término Etiopía en la Antigüedad y el actual. Los antiguos griegos utilizaban la palabra Aithiopia (Αἰθιοπία), que significa «el país de los rostros quemados» (de αἴθω aithô «quemar» y ὤψ ôps, «rostro») para referirse a un área muy extensa, que abarcaba Nubia, Sudán, la actual Etiopía y parte del desierto de Libia. En un sentido amplio, podía referirse a cualquier lugar de África situado al sur de Egipto. En este sentido es utilizado el término en numerosos textos, incluyendo la Ilíada (I, 423).

Los primeros datos concernientes a la actual Etiopía proceden de mercaderes egipcios que la visitaron desde el año 3000 a. C., quienes dan a esta tierra, al sur de Nubia y de Kush, los nombres de Punt y Yam. Eran la “tierra de los dioses”, donde los egipcios se proveían de perfumes tales como incienso y mirra, así como de ébano, marfil y esclavos. La expedición de la que existen más datos es la organizada por la reina Hatshepsut, en el siglo XV a. C., para obtener mirra. Sin embargo, los datos son confusos, y no permiten determinar la verdadera localización de estos países ni las características de sus habitantes.

El Reino de Saba, mencionado en el Antiguo Testamento, es en ocasiones identificado como Etiopía, pero es más frecuente la opinión de que estaba situado en Yemen, como afirma la tradición árabe. Según otras teorías, sería un estado a caballo entre ambos territorios. Según la leyenda, Menelik I, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba fue el fundador del Imperio Etíope.

El reino de Aksum

El primer estado conocido que puede ubicarse con certeza en la actual Etiopía es el reino de Aksum, que toma su nombre de la ciudad de Aksum, en la Etiopía actual. Su origen, según se cree, se encuentra en la llegada alrededor del año 400 a. C. de colonos provenientes del sudoeste de Arabia. Desde el siglo III d. C., el reino de Aksum se convirtió en la principal potencia de la región, como lo atestigua el hecho de que el profeta persa Manes lo cite como uno de los grandes imperios de la época, junto con Roma, China y Persia. Se sabe que Aksum comerció con la India y el Imperio Bizantino a través del puerto de Adulis, en el Mar Rojo.

El cristianismo fue introducido en el país por el monje sirio Frumencio, quien posteriormente fue consagrado obispo de Etiopía por San Atanasio, patriarca de Alejandría. Frumencio logró la conversión del rey Ezana, del que se conservan varias inscripciones, anteriores y posteriores a su conversión al cristianismo. La Iglesia etíope, por tanto, procede de la Iglesia copta de Alejandría; como ella, permaneció fiel al credo monofisita, condenado en el Concilio de Calcedonia (451). La conversión de los etíopes debió de ser un proceso lento. De la época de Ezana data también la difusión de la escritura ge’ez. El idioma ge’ez terminó sustituyendo al griego en la liturgia; todavía hoy es la lengua litúrgica de la Iglesa etíope.

El final del reino de Aksum es tan misterioso como su comienzo. Parece ser que, a partir del siglo VIII, el avance del Islam fue dificultando cada vez más su comercio por el mar Rojo, obligando a los etíopes a replegarse hacia el sur. En el interior el reino subsistió, en franca decadencia, tres siglos más.

Quedan algunos restos arqueológicos del reino de Aksum, como los obeliscos de Aksum o de Matara, que son sin duda monumentos funerarios de los principales reyes.

La dinastía Zagüe

A partir del siglo VIII el reino de Aksum queda aislado del Mar Rojo, lo que representa un giro en la historia etíope. La ciudad de Massawa cayó en manos de los musulmanes, y el puerto de Adulis fue destruido. Durante dos siglos, el reino etíope se vio obligado a replegarse hacia el interior, hacia las mesetas meridionales de Amhara y del Shoá. Hubo, sin embargo, intentos de recuperar los territorios perdidos: Massawa fue reconquistada a principios del siglo X, y las islas de Dahlák y de Zeila, de población musulamana, se convirtieron en tributarias.

Hacia el año 1000, una princesa no cristiana (tal vez judía, o quizá animista), llamada Judith, Guedit o Esato, venció al último de los reyes de Aksum, aniquilando a toda la familia real (según la leyenda, se salvó el heredero, que luego restauraría la dinastía), y persiguió ferozmente a los cristianos. Judith y sus descendientes rigieron Etiopía hasta el año 1137, en que un agau llamado Mara Takla Haymanot los derrocó, estableciendo la dinastía Zagüe.

La dinastía Zagüe reinó en Etiopía hasta el año 1270. Su capital era la ciudad de Roha (actual Lalibela)], en Lasta. El monarca más importante fue Lalibela (c.1185-1225), conocido sobre todo porque durante su reinado se excavaron las iglesias rupestres de Lalibela en la capital del reino, que tomó desde entonces el nombre del monarca. Durante el reinado de Lalibela fueron enviadas dos embajadas a El Cairo, en 1200 y 1209.

 La restauración de la dinastía salomónica

El último rey Zagüe fue destronado por Yekuno Amlak, supuesto descendiente de los reyes de Aksum, quien restauró la llamada “dinastía salomónica”. Dicha dinastía recibe este nombre porque se proclama heredera, a través de los reyes de Aksum, de Menelik I, hijo de Salomón y la reina de Saba. Posiblemente fue en esta época cuando se redactó el Kebra Nagast (Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, c. 1300), texto que reúne diversas tradiciones y cuyo principal propósito es fundamentar la legitimidad y continuidad de la dinastía. De estos momentos data también el título de negus negusti, rey de reyes o emperador, que distingue al soberano de Etiopía. El título señalaba su preeminencia sobre otros reyes (negus), nominalmente sus tributarios. Todos los esfuerzos de los reyes de esta dinastía iban encaminados a lograr la unidad nacional basada en la religión cristiana y en su autoridad por derecho divino.

El reino etíope abarcaba en la época tres provincias principales: Tigré, en el norte, Amhara, en el centro, y Shoá en el sur. La sede del negus negusti se encontraba en la región central de Amhara. Los reyes más importantes de esta época fueron Amdé Tsion (la columna de Sión), quien reinó entre 1314 y 1344 y realizó varias conquistas en la costa del Mar Rojo, llegando incluso a la Península Arábiga, y Zera Yaqob (1434-1468), celoso guardián de la ortodoxia religiosa, que persiguió con saña a los musulmanes y redactó el Mets’hafa berhan (Libro de la Luz).

 Contactos con Portugal

A finales del siglo XV, Etiopía fue visitada por exploradores portugueses, como Pedro de Covilham, quien llegó a la región en 1490, portador de una embajada del rey de Portugal. Covilham creyó haber encontrado en Etiopía el reino del Preste Juan. A principios del siglo siguiente, el emperador etíope envió a la corte de Portugal a un emisario armenio, llamado Mateo, para solicitar la ayuda del monarca contra los musulmanes. Respondiendo a esta petición, en 1520 una flota portuguesa se adentró en el Mar Rojo y llevó una embajada ante el negus Lebna Dengel, que permaneció en el país durante seis años. Uno de los embajadores fue el padre Francisco Alvares, autor de una de las primeras crónicas sobre Etiopía.

Entre 1528 y 1540 Etiopía fue invadida por un ejército musulmán, comandado por el famoso general Ahmad ibn Ibrahim al-Ghazi. El negus Lebna Dengel fue derrotado y se convirtió en un fugitivo, vagando de una ciudad a otra. Su nueva petición de ayuda a Portugal no fue desoída: en 1541 llegó a Etiopía, procedente de la India, una flota portuguesa, que transportaba una fuerza de 400 mosqueteros, bajo el mando de Cristóbal de Gama, hijo del famoso explorador Vasco de Gama. Al principio, las tropas portuguesas, apoyadas por abundantes contingentes etíopes, alcanzaron algunos éxitos, pero en agosto de 1542 fueron vencidos por al-Ghazi, en una batalla que se cobró además la vida del militar portugués. Sin embargo, al-Ghazi terminó por ser derrotado y muerto en la batalla de Wayna-Daga, el 21 de febrero de 1543.

Con la expedición de Cristóbal de Gama llegaron a Etiopía los misioneros jesuitas. Uno de ellos, Francisco Páez (1564-1622) llegó a ser un personaje importante en la corte del negus, y dirigió la construcción de varias iglesias y otros edificios, muchos de los cuales se conservan en la actualidad. La actividad misionera de Páez logró la conversión al catolicismo de numerosos etíopes e incluso el negus Susneyos llegó a abrazar la fe romana. Sin embargo, dicha conversión produjo numerosas sublevaciones populares, casi una guerra civil, que se saldó con numerosas bajas. Susneyos proclamó la libertad de elección entre el catolicismo y la fe copta, pero cuando accedió al trono Fasiladas el Grande (1632-1667) decretó la expulsión de los jesuitas (1633) y comenzó una furiosa persecución del catolicismo.

 Período de Gondar (1630-1769)

Castillo de Gondar

Castillo de Gondar

El emperador Fasiladas el Grande (1632-67) trasladó a la ciudad de Gondar, al norte del lago Tana, la capitalidad del reino, por lo que se habla en la historia de Etiopía de un “período de Gondar”, que duraría hasta el año 1769. Gondar es aún en la actualidad famosa por los castillos que en ella construyó Fasiladas.

El período de Gondar se caracteriza por el aislamiento internacional de Etiopía, motivado por los incidentes que desembocaron en la expulsión de los jesuitas.

Iyasu I “el Grande” (1682-1706) rompió con la política aislacionista de sus predecesores, recibiendo en 1698 al embajador francés Charles Jacques Poncet, representante de Luis XIV. Consolidó su autoridad sobre la Iglesia copta. Le sucedió su hijo y asesino Takla Haimanót, que sólo reinó dos años y murió a su vez asesinado.

Tras el asesinato de Takla Haimanót llegó un período de caos, en el que el ejército intervino frecuentemente, entronizando y deponiendo gobernantes a su antojo. Tras el reinado de Iyasu II, apodado “el Pequeño” (1730-1755).

 Era de los Príncipes (1769-1855)

  • Menelik II

Menelik II modernizó el reino etíope: fundó la nueva capital, Addis Abeba, abolió la esclavitud, y proyectó instaurar la enseñanza obligatoria y un moderno código de derecho. Aunque no pudo poner en práctica todas sus reformas,

Los europeos se habían apoderado de los principales puertos del Mar Rojo: los italianos de Massawa, los británicos de Zeila y los franceses de Obók y luego de Dchibuti. Menelik firmó con los italianos el Tratado de Uchalli (1889). Sin embargo, en 1896, Menelik, ante los intentos italianos de privarle de la soberanía, denunció el tratado y venció al ejército italiano, comandado por el general Baratieri, en la batalla de Ádowa. Los italianos se vieron obligados a reconocer la soberanía etíope.

En 1906, Menelik sufrió una semiparálisis. En 1909 designó como sucesor a su nieto Lij-Iyasu, aunque el poder efectivo pasó a manos del regente, el ras Tessemma. Menelik II murió en 1913.

Lij-Iyasu, su sucesor con el nombre de Iyasu V, se convirtió abiertamente al Islam, proclamándose descendiente de Mahoma, y no de Salomón, lo que causó la irritación de sus súbditos cristianos, que lo depusieron en 1916, con la aprobación de la Iglesia Ortodoxa Etíope, y entronizaron a la hija de Menelik, Zauditu, teniendo como regente y heredero al ras Tafari, el futuro Haile Selassie I.

  •  Haile Selassie I

En 1930, al morir la emperatriz, Ras Tafari Makonnen fue coronado emperador con el nombre de Haile Selassie. En 1931 otorgó una Constitución que establecía un régimen absolutista en la que el emperador recibía todo el poder por derecho divino, con un Consejo Privado y un Parlamento bicameral de carácter consultivo integrado por un Senado y una Cámara de Diputados. Tratando de evitar las reivindicaciones italianas, firmó acuerdos comerciales con Japón y Estados Unidos para buscarse su favor. En la noche del 2 al 3 de octubre de 1935, tropas de la Italia fascista procedentes de Eritrea invadieron Etiopía. La capital, Addis Abeba, fue tomada por los italianos el 5 de mayo de 1936. Italia se anexionó formalmente Etiopía el 9 de mayo de 1936. El emperador tuvo que exiliarse en Gran Bretaña y la Sociedad de Naciones no resolvió el conflicto en favor de los intereses etíopes a pesar de las reclamaciones de Francia y el Reino Unido. Cinco años después, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, los italianos fueron derrotados por tropas etíopes y británicas, y Haile Selassie recuperó su trono.

En 1955 se estableció un modelo constitucional más moderno, reconociendo el sufragio universal, aunque de facto continuó el sistema absolutista. La unión federal a Eritrea en 1952 y su posterior anexión en 1962 favorecieron el movimiento de resistencia e independentismo. Los problemas durante este tiempo no sólo provenían del interior. Alemania, Francia, Gran Bretaña desde Europa, Estados Unidos y la Unión Soviética en sus respectivas posiciones durante la guerra fría y los vecinos Sudán y Somalia mantendrían un pulso en política internacional sobre el territorio etíope. Esto obligaba al emperador a tratar de mantenerse equidistante de ambas potencias.

La definitiva crisis social se produjo tras la sequía de la primera mitad de los años 70 del siglo XX cuando cerca de 450.000 personas murieron de hambre y sed en el país. Las protestas fueron generalizadas: sindicatos, estudiantes, grupos de oposición y parte del ejército se mostraron abiertamente hostiles a un régimen casi feudal que no podía responder a las necesidades de la nueva sociedad, siendo depuesto el emperador en septiembre de 1974.

 Historia reciente

Al año siguiente, el general Teferi Benti, presidente del gobierno militar provisional, abolió definitivamente la monarquía y proclamó la república popular. Se realizaron radicales reformas para establecer un sistema socialista: nacionalización de la banca y de numerosas empresas, reforma agraria, campañas de alfabetización, etc. Al mismo tiempo se vivía una situación de práctica guerra civil entre el poder central y varios grupos insurgentes, especialmente independistas eritreos. Tras el asesinato de Teferi Benti el 3 de febrero de 1977, se hizo con el poder el teniente coronel Mengistu Haile Mariam.

Mengistu alineó definitivamente a Etiopía en el bloque comunista, rompiendo relaciones con Estados Unidos y firmando tratados con la URSS y con Cuba. En 1978 la Somalia de Mohamed Siad Barre invade Etiopía. Cuba envía un contigente militar internacionalista que tras un gran esfuerzo logra, de forma conjunta con las fuerzas etiopes derrotar la invasión. Uno de los soldados cubanos capturados por los somalíes, se convierte, no obstante, en uno de los prisioneros de guerra más antiguos del mundo. El entonces joven teniente Orlando Cardoso Villavicencio solo saldría de su prisión y regresaría a su patria en 1988.

Mengistu realizó sucesivas reformas para lograr mantenerse en el poder y sobrevivió en 1989 a una intentona de golpe de estado, que fue reprimida con extrema dureza. Sin embargo, en 1990, ante la caída del bloque socialista en Europa, se vio obligado a anunciar el final del régimen de partido único y la adopción de una economía de libre mercado. Estas reformas no impidieron que al año siguiente Mengistu fuera derrocado y obligado a exiliarse en Zimbabwe, mientras dos organizaciones armadas se hacían con el poder: el FPLE (Frente Popular de Liberación de Eritrea), que gobernaría de facto Eritrea hasta su independencia, en 1993, y el FDRPE (Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope), que tomó el poder en el resto del país. El máximo dirigente del FDRPE, Meles Zenawi, fue proclamado jefe del estado, pero tuvo que afrontar la oposición tanto del Frente de Liberación de Oromo como de la etnia amhara.

Las primeras elecciones libres se celebraron en 1995 y resultó vencedor el FDRPE. Entre 1998 y 2000 se produjo una guerra con Eritrea por una disputa fronteriza, que se cerró con un acuerdo favorable a Etiopía. En las elecciones legislativas de 2000, el FDRPE volvió a conseguir la mayoría.


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